Ha llegado el Día de San
Valentín. Todavía recuerdo cuando, a los dieciséis años, recibí mi primer regalo
con motivo del Día de los Enamorados: una delicada rosa roja. Aquella delicada
rosa roja que mi primer novio había escondido bajo su abrigo para sorprenderme
-y que a duras penas había sobrevivido la aventura-. Aquella delicada rosa roja
que nos hizo perder la timidez y fundirnos en un apasionado beso… Nuestro
primer beso apasionado. Y es que San Valentín es un día de “primeras veces”.
Siempre me ha gustado el 14 de
febrero, y no por las flores, ni los bombones, ni las tarjetas con mensajes
cursis, ni los corazones de peluche. Siempre me ha gustado el 14 de febrero
porque es el Día del Amor, y yo, y quienes me conocen lo saben bien, soy la fan
número uno de esa palabra de cuatro letras que tanto nos asusta pronunciar a
muchos. El Día de San Valentín no es más que una excusa para atrevernos a decir
“te quiero”, para hacer un pequeño hueco en nuestras apretadas agendas y acordarnos
de pasar un rato con nuestra otra mitad. No se trata de cenar caviar a la luz
de las velas, ¡en absoluto! Basta con dejar los móviles a un lado, mirarnos a
los ojos y disfrutar de una compañía inmejorable. Al fin y al cabo, este día
consiste simplemente en hacernos un pequeño homenaje a nosotros mismos, que
bien merecido lo tenemos.
Y después de esta no tan breve reflexión, con motivo del Día de
los Enamorados quiero acordarme de una persona a la que quise, supongo, a mi
manera. Una persona a la que conocí hace cinco años en la Ciudad Olívica y a la
que seguiré recordando con cariño para siempre. Una persona a la que tuve la
gran suerte de conocer… Aunque tal vez en el momento equivocado. Como dice la madre de Forrest Gump, la vida
es una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar. El primero es de
avellanas, el segundo de licor. Un día te toca la lotería y al siguiente te
rompes una pierna. Un día conoces a una persona increíble y al siguiente te vas
de Erasmus. Y la vida sigue ofreciéndote sorpresas, una tras otra, envueltas en
papeles de colores. Algunas sorpresas son tan dulces que el maravilloso sabor
de boca que te dejan no desaparece nunca.
Feliz Día de San Valentín a todos.






